
Muchas veces usamos sal casi sin pensar. Está en lo que cocinamos, en los productos que compramos y también en ese “poquito más” que agregamos al plato antes de comer.
Aunque el sodio es necesario para el cuerpo, cuando lo consumimos en exceso puede tener efectos negativos. Distintos estudios relacionan una ingesta elevada de sal con un aumento de la presión arterial y con un mayor riesgo de enfermedades cardiovasculares.
La recomendación general es no superar los 5 gramos de sal por día. Pero eso no significa resignar sabor. Al contrario: puede ser una buena oportunidad para descubrir otras formas de condimentar.
Las especias son grandes aliadas para eso. Aportan aroma, profundidad y personalidad a las comidas, muchas veces con muy poca cantidad.
Orégano: un clásico que realza todo
El orégano es una de esas especias que nunca falla. Tiene un sabor intenso y aromático, ideal para darle más carácter a las comidas sin necesidad de sumar tanta sal.
Queda buenísimo en pizzas, salsas, pastas, verduras al horno o una simple tostada con tomate y aceite de oliva. También combina muy bien con hamburguesas, legumbres y ensaladas.
Además de su sabor, el orégano tiene propiedades antioxidantes y digestivas, por eso es una opción tan simple como útil para sumar todos los días.
Cúrcuma: color, aroma y un toque distinto
La cúrcuma se usa mucho en la cocina asiática y cada vez está más presente en recetas cotidianas. Tiene un sabor suave, levemente especiado, y ese color amarillo tan característico.
Es ideal para sumar a arroces, sopas, verduras, legumbres o aderezos. Con muy poca cantidad alcanza para darle más sabor y transformar un plato.
También es conocida por sus propiedades antiinflamatorias y antioxidantes.
Comino: intenso y apenas picante
El comino tiene un sabor profundo, terroso y un toque apenas picante. Es una de las especias más usadas en platos de Medio Oriente, México y el norte de África.
Va muy bien con arroz, lentejas, garbanzos, verduras, carnes o guisos. Y cuando se combina con otras especias, puede cambiar por completo el perfil de una receta.
Por ejemplo, mezclado con orégano y ají molido queda perfecto para darle un toque mexicano a las comidas.
Nuez moscada: ideal para platos suaves
La nuez moscada tiene un aroma cálido y un sabor delicado, con un leve toque picante. Se usa sobre todo en purés, salsas, verduras, panes y también en algunas recetas dulces.
Una pizca alcanza para darle más profundidad a un plato y hacer que no necesite tanta sal.
Como su sabor es intenso, conviene usarla en poca cantidad.
Pimienta y jengibre: dos formas de sumar más sabor
La pimienta es probablemente una de las especias más fáciles de incorporar. Negra, blanca, rosa o verde: cada una tiene un perfil distinto, pero todas ayudan a darle más fuerza a las comidas.
Queda muy bien en carnes, verduras, ensaladas, sopas y pastas.
El jengibre, en cambio, aporta un sabor más fresco y especiado. Puede usarse en polvo o rallado, y queda buenísimo en salteados, aderezos, sopas o incluso infusiones.
Además de aportar sabor, tanto la pimienta como el jengibre tienen propiedades antioxidantes y digestivas.
Menos sal, más sabor
Reducir la sal no significa comer más aburrido. Muchas veces pasa lo contrario: cuando empezamos a usar especias, descubrimos sabores nuevos y las comidas se vuelven mucho más interesantes.
A veces, una pizca de orégano, cúrcuma o comino puede hacer toda la diferencia.
